CEFERINO Y LUCIFER
Cuando les interesa, nos ponen algo interesante en la tele Ceferino y yo nos conocimos en la catequesis de primera Comunión, cuando seis o siete chiquillos, de ídem número de años, nos reuníamos una vez a la semana en un altillo oscuro de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena (s. XVI), en Barros, para aprender las bases de la fe católica con el catecismo del Padre Astete. La luz entraba a duras penas por un ventanuco, y, a mitad de la sesión, uno de nosotros tenía el privilegio de levantarse a tirar de la soga que hacía sonar las campanadas; y, aunque una hora a la semana era poco trato, aquellas condiciones establecían gran compañerismo en el grupo de neófitos. Recuerdo que mi tío organizó una marcha por el campo para conocer la explotación agropecuaria del padre de Ceferino, que era rico, y que ya en aquel entonces, a finales de los sesenta, tenía cientos de reses estabuladas y con sistemas modernos de crianza. Allí, con seis años, vi por primera, y única vez en mi vida, el ...